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Iruya es, quizá, el pueblo más hermoso que visto en Argentina. Compite seriamente con
Purmamarca y Tumbaya por el primer lugar, aunque carece del encanto fácil y la prolijidad
de aquellos. Iruya es la fuerza bruta, la belleza cruda y el paisaje que corta el aliento,
por lo hermoso de su recorrido y por el miedo que te da atravesar esas alturas salvajes.
De movida, Muy pocos conocen este pueblo, y muchos menos se animan a intentar la
travesía. Si bien el camino es jodido, no es para tanto. Al respecto, a pesar de los
años que hace que viajo por el Noroeste, sigo encontrándome gente de barrio norte (norte
porteño, se entiende) que insisten en que no se puede ir a Iruya, o al Noroeste en
general, si no es en una 4X4. Mi pobre Duna 94 debe ser una 4X4, de bajo perfil, eso sí,
o esta gente exagera de lo lindo.
El camino a Iruya comienza siendo el lecho de un rio de muy bajo caudal, prácticamente
inexistente en invierno. Es un desvío de la ruta 9 que no se encuentra fácilmente, por
lo menos en este invierno de 1999, pues no esta marcado aún. El desvío se agarra justo
en el punto 22°57'25" S, 65°23'22"O . Si no tenés GPS, te podés orientar de
la siguiente manera. Yendo por la ruta 9 hacia la Quiaca, allí donde más o menos el mapa
indica que debería estar el desvío (a 26 Km saliendo desde Huamauaca), el camino
encontrará el lecho del río. Allí donde puedas bajar, hacelo y mandate hacia el
sureste, siempre buscando la mejor huella. A unos cinco quilómetros, estarás a la vista
de una población sobre la margen izquierda, NO hay que entrar allí, sino doblar, salir
del río y subir a una senda que te lleva a la derecha. Ese es el camino a Iruya. NO hay
que estar pasando por ahí más allá de las cinco de la tarde, pues se corre el riesgo de
que te agarre la noche en el medio del camino, el cual no está marcado y ofrece algunos
peligros.

Mapa con la ubicación de Iruya (2800 m sobre el nivel del mar)

¡El camino a Iruya comienza pasando por el mediocampo de
una cancha de fútbol en un obrador de Vialidad Nacional!
Siempre hay que seguir en el camino. En los vados, es decir, en los
lugares donde el camino cruza el río, antes de meter el auto en el agua es conveniente
verificar que no haya piedras que podrían dañar el carter.

pasando un vado.
Luedo de psar la población de Iturbe, el camino encuentra el límte entre
las provicnias de Jujuy, desde la cual saís y la de Salta, en donde se encuentra nuestro
destino. En ese punto, luego de un vertiginoso ascenso por la cornisa, estamos a 4000
metros de altura sobre el nivel del mar. El paisaje es conmovedor.

El Sol pegando en la ladera de los cerros.
Ya cerca del destino, el camino vuelve a transitar por el lecho del río,
en un cañón de enormes paredes verticales que nada tiene que envidiar al Colorado. Acá
hay que ser cuidadosos con los derrumbes y las piedras que amenazan el carter, principal
peligro para los autos que no son 4X4 y que por lo tanto nunca llegan (mentira) a estos
parajes.

El camino pasa por el lecho del Rio Iruya. A la derecha, arriba, la
cornisa del viejo camino, derrumbada. Mucho cuidado si se va de noche, pues apenas dos
piedras pintadas de blanco, en el medio del camino, anuncian que unos metros más allá,
el mismo se acaba para dar lugar al precipicio.
Ahora sí, al final del viaje, en el punto 22°47'32"S,
65°12'54"O, se encuentra la población de Iruya.

Calle de Iruya

Iruya visto desde la torre de Telecom

Calle de Iruya

La fabulosa hostería del estado salteño.

Otra foto de la hostería.

Cuadro pintado por mi cámara en una noche típica del pueblo.

Otro cuadrito.

La hostería de noche

El interior de la hostería. Nunca hay nadie en sus 16
habitaciones. Siempre se consigue lugar (por ahora)
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