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La Cuesta del Obispo, y las nubes del Valle de Lerma La Cuesta del Obispo es un camino que une Chicoana con un paraje llamado Piedra del Molino, que viene a ser una capillita en la cima de la montaña. la altura máxima que se alcanza es 3410 msn (metros sobre el nivel del mar) medidos con mi GPS Garmin II plus justo adelante del cartel de Vialidad Nacional. Durante el trayecto, se atraviesan paisajes de trodo tipo, con montañas de color verde, rojo, lila, negro, verde y amarillo. Subiendo hacia piedra del Molino, la primera parte del trayecto se hace sobre un faldeo practicado sobre una roca blanda que a mi humilde entender es caliza con abundante mineral de hierro y cobre. Los colores blanco, verde y rojo son tan intensos que uno puede juntar el polvito que se desprende de la montaña y hacerse un juego de témpera. Más arriba, las rocas cambian para dar lugar a formaciones más viejas que empiezan a asomar por encima del manto sedimentario del pie de la cuesta. Empieza a verse "La fortaleza", a la izquierda y arriba del camino. La mejor vista de esas inmensas murallas naturales se obtiene sentado en un la parecita del parador, un rancho pintado de celeste que hay al costado del camino, donde se puede beber una cerveza, siempre y cuando lleves hielo, porque allí la bebida se vende "natural". Pasando el color verde del pasto que recubre esas montañas viejísimas, algún color negro comienza a verse a la derecha. Uno empieza a oler la cordillera, pero falta. Las montañas se vuelven oscuras , verdes violáceos que ocultan el negro de la roca ígnea. ¿De quién es ese dedito? Seguimos subiendo. El Valle encantado y la piedra del Molino indican el final de la subida, pero aún falta lo mejor, atravesar la altiplanicie de Payogasta y la recta Tintín, donde se recorren 11 kilómteros en línea recta sobre un plano, una tremenda cancha de fútbol rodeada de tribunas rocosas, abanderadas ellas con los colores de clubes pétreos que aguardan hace millones de años el gol volcánico de la tierra. AL finalizar la recta, basta rodear un peñasco para obtener la vista de los picos nevados de la cordillera. Entonces, una vez más hay que detenerse. El nevado del General San Martín se lucirá con su cresta nívea, deteniendo las nubes altas del pacífico y dejando que descarguen sobre la nevisca. Si se cuenta entonces con unos primáticos o quizá un telecopio, un largavista o meramente el zoom de la cámara, se puede apreciar el desastre atmosférico que suele tener lugar en las paredes nevadas del cerro, donde el viento arranca la nevisca y llueve o nieva. Un poco de imaginación y el frío te calará hasta los huesos. Menos mal que más adelante espera Cachi, un pueblo bellísimo al pie del nevado. Ya vamos.
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